Hoy es el Blog Action Day, en que se convocó a los bloggers a escribir acerca de la preservación del planeta, desde el enfoque que se quiera. Yo diré simplemente que no seamos egoistas. Pensemos un poco más allá de nuestras personas y nuestros futuros e iniciemos lo que podamos para mejorar nuestro hogar. Quiero decir lo que podamos, no sólo aquello que no nos implique un esfuerzo; y me refiero a empezar por todas esas pequeñas acciones que aunque no lo parezca harán una diferencia: apagar la luz en las habitaciones en las que no estemos, no usar un millón de focos que no necesitamos, no dejar correr el agua mientras nos lavamos los dientes, no lavar los coches con la manguera, reutilizar las bolsas de plástico (preferir las de papel), evitar al máximo el uso del aire acondicionado... no se, no podría decir todas, cada quien debe saber lo que puede aportar. Y justamente el detalle que hará la diferencia está en detenernos unos segundos a pensar en las consecuencias de nuestros actos; y una vez habiéndolo meditado, hacer o dejar de hacer algo que no nos aporte nada.
No seamos egoistas y ayudemos un poquito; con muchos poquitos haremos algo relevante.
Monday, October 15, 2007
Thursday, October 11, 2007
:(
Debo de haber tenido 6 o 7 años la primera vez que recuerdo aquella esquina. Nos detuvimos ante la luz roja y ahi estaba aquel hombre, muy pequeño. Sacaba algunos sonidos de una pequeña guitarra a la que había adaptado una pequeña bocina y una lata a manera de alcancía. Tocaba un poco, pedía algunas monedas y volvía al camellón. Lo vi hacerlo muchas veces a lo largo de los años.
Unos veinte años después volvía a mi casa y me detuve en la misma esquina, no habían más autos en la calle.
De reojo vi cuando el pequeño trovador bajó la banqueta e inició una melodía bajo la lluvia sólo para mi. No recuerdo bien que pieza interpretó; empapado, tan frágil, maltratado por los años y la calle; su cabello ahora blanco, su voz débil. Sentí ganas de llorar; busqué una moneda inexistente, bajé la ventanilla y le di un billete. Posó sus ojos tristes en los míos y dijo débil pero claramente: que Dios te bendiga...
Sentí mucha vergüenza. El hombre se hizo viejo con su guitarra. Yo me hice de una bendición que no gané.
Unos veinte años después volvía a mi casa y me detuve en la misma esquina, no habían más autos en la calle.
De reojo vi cuando el pequeño trovador bajó la banqueta e inició una melodía bajo la lluvia sólo para mi. No recuerdo bien que pieza interpretó; empapado, tan frágil, maltratado por los años y la calle; su cabello ahora blanco, su voz débil. Sentí ganas de llorar; busqué una moneda inexistente, bajé la ventanilla y le di un billete. Posó sus ojos tristes en los míos y dijo débil pero claramente: que Dios te bendiga...
Sentí mucha vergüenza. El hombre se hizo viejo con su guitarra. Yo me hice de una bendición que no gané.
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