Debo de haber tenido 6 o 7 años la primera vez que recuerdo aquella esquina. Nos detuvimos ante la luz roja y ahi estaba aquel hombre, muy pequeño. Sacaba algunos sonidos de una pequeña guitarra a la que había adaptado una pequeña bocina y una lata a manera de alcancía. Tocaba un poco, pedía algunas monedas y volvía al camellón. Lo vi hacerlo muchas veces a lo largo de los años.
Unos veinte años después volvía a mi casa y me detuve en la misma esquina, no habían más autos en la calle.
De reojo vi cuando el pequeño trovador bajó la banqueta e inició una melodía bajo la lluvia sólo para mi. No recuerdo bien que pieza interpretó; empapado, tan frágil, maltratado por los años y la calle; su cabello ahora blanco, su voz débil. Sentí ganas de llorar; busqué una moneda inexistente, bajé la ventanilla y le di un billete. Posó sus ojos tristes en los míos y dijo débil pero claramente: que Dios te bendiga...
Sentí mucha vergüenza. El hombre se hizo viejo con su guitarra. Yo me hice de una bendición que no gané.
Thursday, October 11, 2007
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3 comments:
Que tristisisisisimoooo!!!
Me gusta más que escribas cosas chistosas, alegres... Pero bueno, esto es un recordatorio de que no eres un insensible.
Uno no piensa amenudo en eso, en toda la gente que es infeliz, tiene frio, miedo o hambre, aun si eres un luchador social, o un defensor humanitario, nunca existe un punto donde uno pueda hacer suficiente, supongo que esa insensibilidad es lo que nos permite seguir adelante, dormir en la noche; pero cuando el dolor, el frio, el miedo o el hambre te miran tan de frente, no te tocan, solo te miran, duele el alma y uno recuerda que casi no se hace nada para tener tantas bendiciones y solo queda dar gracias por ellas.
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