Con especial cariño para Rumi porque se como te gustan estas tiendas suecas...
El martes (en realidad hace ya un mes) por fin nos mudamos al nuevo departamento, la cosa es que no teníamos nada para comer o dormir así que Vero había ido a IKEA en la semana, dijo que estaba bastante lleno, pero en general era lo mismo. Me dijo que si íbamos juntos el fin de semana, a comprar algunas otras cosas.
El mercado inmobiliario acá es una cosa muy seria, muy dinámico y variado. Hay miles de agencias y si buscas departamento tu solo encuentras miles de opciones (literalmente), el truco esta en saber filtrar. Los chinos que son muy listos, se dan cuenta de que los expats gustan de cosas distintas a los locales, así que arreglan los departamentos como occidentales y después te encajan el diente. Por supuesto, lo que hace a un departamento occidental son muebles y accesorios de IKEA. Cualquiera diría entonces que por ser una marca global, IKEA Shanghai es una experiencia conocida, como los IKEA de Estados Unidos. Nada más alejado de la realidad.
Llegamos Vero y yo a IKEA a eso de las 12, Susanna y Gero nos habían dicho que fuéramos temprano porque se llenaba los fines de semana. Al "lleno" que ellos dijeron habría que sumarle otro medio millón de chinos ahí metidos. Para nadie resulta una sorpresa que haya mucha gente a donde vayas por acá, pero IKEA Shanghai es una experiencia hasta de mal gusto para los más conservadores. Esta afamada tienda sueca vino a revolucionar el mundo de estas personas de tal forma que se van a pasar el día a la tienda; van en familia, buscan un bonito showroom que de preferencia tenga tele real y toman asiento y conviven. No me parece que China este perdiendo la estructura de la familia nuclear, pero creo que en gran parte se lo deben a IKEA. El señor padre de familia lee un libro o toma una siesta mientras el hijo ve la tele y la mamá platica con los abuelos o algún conocido tal vez, que tomó por asalto el showroom de al lado. Según nos contó Yannick que le contó el director de la empresa por acá, en un principio trataron de detenerlos, pero era una necedad. Se conformaron con que la gente dejara de llevar comidas y bebidas para los picnics.
En fin, yo iba muy emocionado en el metro porque íbamos a comer en IKEA, que es mi parte favorita de la tienda. Entramos y fuimos directo al restaurante, que para mi gusto tenía unas cinco mil personas que no debían estar ahí, pero nos formamos porque el hambre es canija. Tomamos/pedimos nuestra comida y pagamos después de unos diez minutos, ahora a buscar un lugar donde sentarse. Vero encontró dos, pero la china ahí sentada dijo que no y punto, afortunadamente encontramos unos rápido. La comida estaba rica y si se piensa que por unos 40 pesos te comes un plato de salmón te explicas el porque de la multitud, por lo menos el porque de esa.
Pasamos a la tienda después de comer, lo dicho, la gente ocupaba cada sofá, silla y banco posible, y además cada espacio en el resto de la tienda. Caminamos a lo largo de los pasillos lo más tranquilamente que pudimos hasta que un chino no pudo más con la absurda prohibición de fumar dentro de la tienda y que se sale por una salida de emergencia, por que no? La alarma nos taladro el tímpano hasta que llego un guardia de seguridad a cerrar la puerta. aparentemente para los chinos no hay distinciones entre los distintos tipos de puerta, y aunque diga de emergencia para ellos no es mas que una salida para poder fumar. No pasaron ni dos minutos y otro abrió la puerta, dos minutos mas y otro abrió una puerta distinta, que se cerro y calló después de un momento, hasta que el de seguridad la abrió nuevamente para ir a regañarlo. Así recorrimos gran parte de la tienda, entre cajas abiertas, precios cambiados y tertulias. Por fin llegamos a pagar a la caja, para mi sorpresa (pero mas bien gracias a que Vero se coloco a no mas de dos milímetros de la persona de adelante en la fila) nadie se nos metió, el cajero va escaneando los artículos y los va pasando y en eso llega a un vasito que me imagino no tenia precio o código de barras (en Houston te lo cobraban tanteándole o te preguntaban si recordabas el precio), el señorcín lo puso a un lado, siguió cobrando lo demás y me da el total. A mi me tomo horas asimilar todo esto que sucedió, en el momento no me pregunte el porque y solo me di cuenta hasta el dia siguiente. Ya por fin salimos, de la manera mas eficiente y siendo que acá es común el taxi hay una fila y los taxis van llegando solitos, de la manera más china una changuita viene caminando campante justo cuando nosotros casi llegamos hasta adelante y se para ahí nomás, al frente de la fila. De manera aun mas sorprendente los chinos que estaban ya esperando el taxi la mandan al diablo, ella cortésmente les sonríe a los que siguen y la mandan aun mas lejos, los siguientes éramos nosotros, que solo la ignoramos. Cuando nuestro taxi daba la vuelta la vimos salirse con la suya y subirse al taxi que seguía.
Por lo demás todo bien, los productos de IKEA si nos hacen sentir un poco mas cerca de casa, casi ni se nota que son 13000 kilómetros los que nos separan...
Sunday, October 30, 2011
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1 comment:
Uy pero qué odisea. Vero ya me contaba que se metían en las filas pero eso es una atrocidad. Me MUE-RO.
De lo demás, pues supongo que no pueden evitar las multitudes. Son demasiados!
Ah y a mí también me encanta comer en IKEA. Nada como esas albóndigas con gravy y mermelada de lingonberry.
mmm.
:)
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